"Sólo Madeleine podía conocer su sufrimiento"
RODRIGO CARRIZO - Lausana
EL PAÍS - Sociedad - 24-01-2007
El médico y cirujano Jérôme Sobel preside
desde 1982 EXIT (Asociación por el Derecho a Morir Dignamente,
DMD) de Suiza. Bajo su mandato, esta asociación ha logrado
la regularización y aceptación social de la asistencia
al suicidio. La muerte entre grandes sufrimientos de un familiar
cercano llevó a Sobel a "reflexionar seriamente sobre
la cuestión del fin de la vida".
Pregunta. El caso de Madeleine, la mujer con
esclerosis que se quitó la vida el 12 de enero, ha sacudido
a la opinión pública española. ¿Qué
opina usted?
Respuesta. Admiro mucho a los voluntarios de
DMD que acompañaron a Madeleine. Aunque no le hayan proporcionado
directamente la poción, como hacemos en Suiza, han asumido
un gran riesgo y un enorme compromiso en nombre de la libertad
individual, la solidaridad y la compasión. Entiendo que
Madeleine tenía pleno discernimiento y lucidez. Ella misma
consiguió los componentes de la poción gracias a
la Guía de Autoliberación de DMD. Eso es prueba
irrefutable de su determinación y su clara voluntad.
P. ¿La situación de Madeleine
hubiera sido distinta en Suiza?
R. Sin duda, la hubiéramos ayudado, pues
sólo ella podía conocer su sufrimiento y tomar decisiones.
Su vida no pertenecía a nadie más que a ella misma.
P. ¿Cómo se relaciona EXIT con
los allegados del paciente?
R. Intentamos conocer a sus familiares y amigos.
Ellos pueden hacer preguntas y aclarar sus dudas. Es la situación
ideal pues facilita el duelo y permite que el paciente se vaya
en paz, rodeado del amor de los suyos. Pero lo primordial es el
deseo del paciente, pues es la única persona que puede
tomar la decisión final.
P. ¿Han tenido demandas judiciales tras
una asistencia?
R. Nunca nadie intentó un proceso contra
nosotros pues en Suiza no tendría base legal. Poniendo
una querella, los familiares traicionan la voluntad de sus allegados
cuando éstos ya no pueden defenderse.
P. ¿Cómo es su relación
con la fe religiosa y las creencias?
R. A los creyentes me gustaría decirles
que en el suicidio asistido hay espacio para la religiosidad,
la fe y la espiritualidad profunda. Quisiera contar una anécdota.
Una mujer deseaba que su sacerdote le acompañase. Él
leyó salmos que gustaban a la anciana y, llegado el momento
de la autoliberación, le dijo: "No te juzgo. Sólo
te deseo que la Luz ilumine el Valle de la Muerte que vas a atravesar".
Al oírlo, completamente serena, ingirió el comprimido
y partió en paz.
P. En otros casos similares al de Madeleine
los jueces no han llevado las diligencias hasta sus últimas
consecuencias. ¿Por qué?
R. Eso quiere decir que los jueces son capaces
de reflexión. Algunos ven que la sociedad ha evolucionado
y entienden la realidad actual. Pero, a partir de un punto, corresponde
a los políticos dar el próximo paso.
P. ¿La sociedad civil está más
madura que los políticos?
R. Sin duda. La clase política tiene
miedo y está influenciada por las instituciones religiosas.
Ellas se mueven con ideas antiguas y superadas y hacen todo lo
posible por bloquear los avances. A veces me sorprende la tolerancia
que la sociedad europea muestra hacia los matrimonios homosexuales,
y que no tengamos el coraje de regular el fin de la vida, que
es algo que nos afectará absolutamente a todos tarde o
temprano.
P. Tras la muerte de Madeleine, el PP reiteró
su "oposición a la eutanasia". ¿Seguimos
confundiendo los términos?
R. Es increíble que se siga manipulando
a la opinión pública agitando el fantasma de la
eutanasia. Parece que no se quiere entender la enorme diferencia
que hay entre eutanasia y asistencia al suicidio. En este último
caso, sólo el paciente puede dar el último paso
para cumplir con su voluntad.
P. ¿Cuál es el índice de
aceptación de EXIT en su país?
R. El 87 % de la sociedad suiza acepta la posibilidad
de la asistencia al suicidio, según una encuesta del periódico
24 Heures. En 2006 hemos recibido 194 demandas y se llevaron a
cabo 65.
P. ¿Cómo ve la situación
europea en relación con el suicidio asistido?
R. Considero que la sociedad europea está
cambiando. Aunque ahora la situación de la UE puede complicarse
con la entrada de los nuevos miembros, en particular con la muy
católica Polonia. Creo que Francia e Italia quieren cambios.
Pero pienso que, hoy por hoy, el país que tiene más
posibilidades de dar grandes sorpresas es España. Las poblaciones
están pidiendo apertura y los gobiernos se verán
obligados a cambiar.
P. ¿Cuáles son los motivos que
llevan aún a mucha gente a rechazar la asistencia al suicidio?
R. Básicamente, son personas que tienen
una visión religiosa del mundo fundamentalista y dogmática.
Personalmente, considero a Dios como mi mejor amigo. Él
me ha dado la vida, pero también el sentido de la libertad
y la responsabilidad.
P. Películas como Mar Adentro o Exit:
el derecho a morir están haciendo mucho por la causa. ¿Qué
más es necesario?
R. Ramón Sampedro ha creado un terremoto
de consecuencias imprevisibles. Su caso ha logrado concienciar
a toda Europa sobre este drama. A menudo, hacen falta situaciones
emocionalmente fuertes que ayuden a la gente a cambiar las mentalidades.
Ojalá España logre crear un nuevo marco normativo
que permita, con el control del Estado y los jueces, ayudar a
la gente necesitada, respetando así su libertad y su autonomía.
P. ¿Qué espera del futuro próximo?
R. Mi sueño es que lleguemos a incluir
el fin de la vida en los planes de estudio de las facultades de
medicina. Quisiera que los médicos de familia se ocupen
de los casos terminales. Que los problemas prácticos y
éticos del suicidio asistido sean asignaturas de la carrera
de medicina. Y que EXIT desaparezca pronto porque la asistencia
al suicidio esté legalizada y aceptada social y políticamente.
También deseo la despenalización de la eutanasia
activa en casos excepcionales. La sociedad no tiene nada que temer,
porque un cambio de la legislación vigente no obligará
a nadie a hacer lo que no desee. Sólo crea un espacio de
libertad que permitirá partir con dignidad a los que así
lo deseen. No hay razón alguna para el miedo pues vamos
a poder enfrentar el fin de la vida en la serenidad y la paz.
No tener más miedo será una inmensa victoria. Todos
vamos a ganar con ello.