LA
RELACIÓN SANITARIO-PACIENTE, CONSENTIMIENTO
INFORMADO Y
VOLUNTADES
ANTICIPADAS
Una indemnización por nacer
Padres de personas con graves lesiones plantean polémicas acciones
judiciales alegando que una información médica errónea
durante el embarazo impidió abortar a la madre
MÓNICA C. BELAZA - Madrid
EL PAÍS - Sociedad - 09-03-2008
La vida, siempre se ha dicho, es el mayor bien del ser humano. Pero,
¿puede ser considerada en algunos casos como un daño,
como un mal por el que se debe indemnizar? ¿Puede alguien exigir
una compensación por estar en este mundo, porque los médicos
no hayan detectado cuando estaba en el útero materno que tenía
una malformación física o psíquica y hayan privado
a su madre de la posibilidad de abortar? ¿Pueden unos padres
exigir una compensación por no haber sido informados, cuando
estaban a tiempo de tomar la decisión de interrumpir el embarazo,
de que su hijo no iba a tener una vida normal? ¿Existe, al igual
que el derecho a la vida, el derecho a "no nacer"? Muchas
personas están reclamando ante los tribunales, en España
y en otros países, por este motivo. Algunos lo consiguen, pero
el asunto está rodeado de una gran polémica.
Susana L. M. y Carlos L. S. han pedido una indemnización de
este tipo. Su hija nació en 2002. En una clínica privada
habían hecho el seguimiento de su embarazo y en todo momento
le habían asegurado que el feto estaba físicamente perfecto.
En un informe se afirma, incluso, que tenía las cuatro extremidades.
Al nacer, sin embargo, se vio que el diagnóstico había
sido erróneo: a la niña le faltaban el antebrazo derecho
y la mano. La doctora había visto una extremidad que no existía.
La malformación no se debía a ninguna negligencia médica,
pero los padres entienden que ellos tienen derecho a ser indemnizados
porque no se les informó adecuadamente del estado de su hija.
Señalan que se privó a la mujer de la facultad de decidir
si deseaba abortar o no, como permite la ley en casos de malformación
fetal antes de las 22 semanas.
Un juzgado de primera instancia y una Audiencia Provincial les han
denegado la indemnización, alegando que las ecografías
no son siempre fiables. Ellos han recurrido ante el Tribunal Supremo,
en casación. Piden 180.000 euros a la doctora y a la clínica.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo en estos casos no es clara,
pero sí ha concedido indemnizaciones en algunas resoluciones.
La primera sentencia que dictó sobre ello es de 1997. Los magistrados
conceden una indemnización a unos padres porque su hijo nació
con síndrome de Down. Habían practicado la amniocentesis
a la madre pero la prueba fracasó y no se le comunicó
a la madre hasta dos meses después (cuando ya había transcurrido
el plazo para interrumpir el embarazo). En 2002, también se concedió
por un caso parecido en el que los médicos no habían efectuado
una prueba pese a que la mujer estaba en situación de riesgo.
Y en 2005, reconoció el derecho de dos padres a recibir 54 millones
de pesetas (324.000 euros) por el nacimiento de un niño con síndrome
de Down. El Supremo, en todo caso, no entra en sus sentencias a explicar
cuál es el daño por el que se debe indemnizar. No se pronuncia,
así, sobre si la propia vida es o no el daño por el que
alguien debe pagar.
Estados Unidos fue el primero en enfrentarse a estas demandas. Las
llaman reclamaciones de wrongful birth (nacimiento erróneo o
injusto) cuando son los padres los que piden la indemnización
por no haber tenido información suficiente y no haber podido
ejercer su derecho al aborto, y de wrongful life (vida errónea)
cuando es el propio hijo el que reclama porque no le gusta la existencia
que le ha tocado. Preferiría no haber nacido que vivir con esos
defectos o enfermedades y culpa de su nacimiento a un consejo médico
inadecuado. Estas últimas son las más polémicas
y en algunos Estados no se admiten. En ningún caso se acusa a
los profesionales sanitarios de haber causado el mal que sufre el niño.
No tienen la culpa de la malformación, pero sí de no haberlo
detectado y de no haberlo comunicado a los padres antes del nacimiento.
¿Qué se indemniza? Algunos tribunales pagan por el daño
personal sufrido; otros, sólo por los gastos extraordinarios
derivados de la enfermedad del niño.
Estas peticiones judiciales aparecieron en los años setenta
en EE UU, cuando aumentó la práctica de diagnósticos
prenatales y cuando las leyes empezaron a permitir las interrupciones
voluntarias de embarazo. Se trata de una reclamación íntimamente
relacionada con el derecho al aborto terapéutico. Las demandas
se fueron extendiendo a países como Alemania, España o
Francia. En este último, con manifestaciones ciudadanas de por
medio. Más de 200 padres de discapacitados se concentraron frente
al Palacio de Justicia en noviembre de 2001 para protestar ofendidos
por una sentencia de la Corte de Casación que había confirmado
una reclamación por vida errónea -una indemnización
al niño por sufrir malformaciones-. La polémica terminó
con la prohibición del Parlamento francés de estas demandas,
aunque sí las admiten cuando son los padres los que las presentan
en su propio nombre. "Estas acciones se han visto acompañadas
desde el principio por grandes polémicas, por la carga ideológica
que lleva incorporado el hecho de la vida, la concepción y el
aborto", señala Andrea Macía, profesora de Derecho
Civil de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en
la materia. "Y esta carga ideológica en ocasiones se ha
trasladado a los razonamientos de jueces y juristas. Deben separarse
los argumentos éticos y morales de los estrictamente jurídicos".
El desarrollo científico aplicado al ámbito del diagnóstico
prenatal y el reconocimiento de la posibilidad de interrumpir el embarazo
ante graves malformaciones del feto abrió la puerta a un nuevo
tipo de demandas. Desde los años setenta, padres e hijos en EE
UU -y más tarde en Francia, Alemania o España- sostienen
que médicos y hospitales son responsables de no haber informado
a la madre, dentro del plazo legal para abortar, de una enfermedad o
lesión que podía detectarse en el útero materno.
"La doctora vio una mano que no existía"
Susana L. M. ha llegado hasta el Tribunal Supremo para exigir lo que
ella considera justo: una indemnización por no haber sido informada
de la malformación física con la que nació su hija,
que en abril cumplirá seis años. "La doctora se equivocó,
nos dijo que todo estaba bien y vio una mano y un antebrazo donde no
había nada, no hizo pruebas adicionales cuando se dio cuenta
de los problemas de visualización de la ecografía ni me
advirtió de que hubiera ningún problema", señala.
"Adoro a mi hija. Pero lo cierto es que, en ese momento, no tuve
la información suficiente y correcta como para tomar una decisión
meditada teniendo en cuenta todos los factores, para poder elegir si
quería continuar o no con el embarazo. En cualquier caso, ahora
pido la indemnización para hacer frente a los gastos de mi hija,
para poder comprarle las prótesis que necesita. La que lleva
ahora costó 12.000 euros y gastará mucho más a
lo largo de su vida".
Susana y su marido acaban de presentar un recurso ante el Tribunal
Supremo. Los órganos inferiores han desestimado su petición.
"La ideología ha desempeñado un papel muy fuerte
en los dos procedimientos. Creemos que nos han tocado jueces conservadores
contrarios al aborto que no nos han dado la razón por este motivo.
Eso es lo que me molesta; que se hayan utilizado criterios morales".
Ahora les toca esperar. Unos cuatro años más, según
explica su abogado, para que el Supremo decida si su caso es o no un
supuesto de nacimiento erróneo.